Enviado por el Rdo. don José María Bolívar, Consiliario de nuestra Cofradía




José Vilaplana, Obispo de Huelva.

"El año pasado me decidí a visitar, todas las noches, a los costaleros, para darles la mano, besarles los pies y la cara, ayudarles a tomar conciencia de Quién es quien llevan sobre los hombros y qué nos ha enseñado, para que también lo lleven sobre el corazón… "

Le preguntamos:

P. Cuando viene un obispo procedente de algún lugar donde esa religiosidad popular no está tan presente, o no se manifiesta del modo en que se vive en Andalucía, suelen darse prejuicios por ambas partes. ¿Se ha encontrado con esa problemática?

R./ La religiosidad popular tiene unas raíces en el sentimiento. Y lo que hay que ayudar es que ese sentimiento profundo vaya encontrando maduración y desarrollo. Provengo de Alicante, y mi zona es muy festera, no me he sentido extraño. Tras la primera Semana Santa que viví, intuí que había algunos problemas, pero sobre todo me esperanzó ver muchas posibilidades. Veo muchas posibilidades. De hecho, el año pasado me decidí a visitar, todas las noches, a los costaleros, para darles la mano, besarles los pies y la cara, ayudarles a tomar conciencia de Quién es quien llevan sobre los hombros y qué nos ha enseñado, para que también lo lleven sobre el corazón… Encontré una acogida muy cálida, muy agradecida y para mí sorprendente.

P. Pero los estereotipos siguen ahí. Los que piensan que uno sólo tiene devoción a “su” Virgen o a “su” Cristo, y que el resto del año están apartados…

R./ Es un mundo muy plural. Dentro de las hermandades te puedes encontrar gente muy comprometida y personas del mundo de los alejados. Pero eso precisamente es un desafío. Esas personas están ahí. Tienen un cordón umbilical que les une a corazón de Jesús o de María. Tengo la responsabilidad de que esa conexión vaya reforzándose, madurando, en todas sus dimensiones. Por eso creo que es muy importante no prejuzgar, sino acercarse a las personas, en la situación en que estén. Y eso te da una plataforma de encuentro que yo no había encontrado jamás: más de 10.000 jóvenes y hombres que trabajan todo el día, pero que a una hora de la noche van a ensayar, y puedes estrechar sus manos y tratarles de tú a tú. En este momento, estoy dando mis primeros pasos, pero sobre todo veo posibilidades de encuentro, de acercamiento y de evangelización.


P. ¿Cómo casa la imagen que se da desde la prensa rosa de lo que es El Rocío con la realidad?
R/. Eso molesta, y a mí ahora me duele. Yo llegué conociendo sólo el aspecto más superficial que se exporta de Sierra Morena para arriba. Para conocer El Rocío hay que ir, y no sólo en Pentecostés. Cuando ves a las familias llevando al enfermo a la Reja, la pareja de novios que ponen delante de la mirada de la Virgen su proyecto matrimonial… Cuando estás una tarde sentado en los bancos del Rocío y vas observando las personas que se acercan a la Reja, y ves la cantidad de personas que se acercan a rezar. O has tenido la oportunidad de escuchar en confesión a peregrinos. En El Rocío hay una experiencia penitencial muy importante, de personas que van buscando ayuda, perdón, renovación… Cuando hay un fenómeno macro de número de personas, es muy fácil seleccionar lo que uno quiera ver. Pero El Rocío es mucho más de lo que se puede ver en la prensa rosa, afortunadamente.



La llamada de las imágenes a la conversión

Carta del Obispo de Almería, D. Adolfo González Montes, para las Hermandades y Cofradías de Semana Santa de la provincia.
25 de febrero de 2009

En la Carta invita
* al ayuno que a Dios agrada,
* a volver sobre el alcance ético de las celebraciones de Semana Santa y finalmente habla de
* “Las imágenes, oportunidad de purificación y gracia” Y dice:

Al volver de nuevo los ojos hacia las imágenes de la redención en la Semana Santa, nada puede ayudarnos más a vivir mejor el misterio pascual de la muerte y resurrección de Cristo que la purificación de los ojos, de la mente y del corazón para contemplar en las imágenes la revelación del amor de Dios. Las imágenes de Semana Santa interpelan nuestra conciencia cristiana y demandan de nosotros una respuesta. Nos revelan el misterio de la fe y nos preguntan por su vivencia, reclaman coherencia, una práctica ética de la vida que permita a los que nos contemplan concluir que nuestra vida es verdaderamente moral.

La Cuaresma nos abre a la contemplación de las imágenes sagradas, compromiso y tarea de los cofrades en singular medida, si bien compromiso y tarea de todos los bautizados. Mas, para que la contemplación de las imágenes surta su efecto sanador, es preciso un ayuno del materialismo consumista, ahora recortado por la crisis social, que incluye una cierta abstinencia de alimentos, pero sobre todo de pasiones malsanas y apetencias egoístas, que ignoran el dolor del Crucificado. Un dolor que le fue inflingido al Redentor por la soberbia del hombre autosuficiente y pecador. Para que su amor nos alcance necesitamos de la penitencia y la conversión, porque sólo ellas disponen a una profunda cura de humildad, que arranca de los ojos el velo cegador del pecado. Ojala que la Cuaresma que comenzamos cumpla su benéfico efecto en cada bautizado.

Deseo a los cofrades de nuestras hermandades y cofradías, y a todos los fieles cristianos en general, una santa vivencia de la Cuaresma que nos aboque a la Pascua con el gozo de la purificación lograda.







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